¿Debería de iniciarse un proceso penal en contra de los agresores del partido Querétaro vs Atlas?



    El tema de este ensayo gira en torno a los agresores del estadio Corregidora. Me propongo explorar la siguiente disyuntiva: ¿cárcel o reeducación? El día 5 de marzo del 2022, durante el partido de fútbol entre Querétaro y Atlas, se dio un enfrentamiento entre aficionados de ambos clubes deportivos. La versión oficial por parte de las autoridades únicamente reportó heridos, algunos de gravedad, pero ningún fallecido. Sin embargo, los videos que se difundieron en redes sociales demostraron que sí hubo muertos como consecuencia del conflicto entre las porras de ambos equipos. Razón por la cual, tanto representantes del gobierno de Querétaro como todo tipo de personas en redes sociales, condenaron los hechos sucedidos; el gobernador aseguró que se aplicaría la ley a los responsables; la gente en redes sociales compartió imágenes de los agresores por si acaso alguien de entre sus contactos los identificaba y procediera a denunciarlos.


    El gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, escribió en su cuenta de twitter que: “la instrucción es clara: habrá castigo para los responsables de la violencia en el Estadio Corregidora”. Es decir, la postura del gobernador de Querétaro fue concisa: castigar a los responsables, pero, ¿qué implica castigar a los responsables? La Fiscalía General del Estado de Querétaro informó que se emitieron un total de 26 órdenes de aprehensión en contra de los presuntos responsables de los ataques que se vivieron durante el partido. Aunque fue una opinión popular que a los presuntos agresores del encuentro, entre el club deportivo Querétaro y el club Atlas, se les debía de iniciar un proceso penal con la finalidad de sancionar sus actos con prisión, deberían considerarse otras alternativas, tales como los grupos de reflexión para hombres que deseen trabajar con sus violencias, porque los hombres son víctimas de una cultura que les enseña a ser violentos.


Hay posibilidades para explorar alternativas, como parte de políticas públicas del Estado, con el fin de solucionar el problema de la violencia en los estadios. Fernando Segura Trejo, doctor en sociología e integrante de la organización Salvemos al Fútbol, afirma lo siguiente: “El Estado debe intervenir en el fenómeno de las porras violentas en los estadios, como ocurrió en países como Inglaterra y Argentina, pero no con un enfoque de represión” (Segura, 2022). Coincido con la postura de Segura, el Estado puede explorar alternativas para erradicar la violencia en los estadios: políticas no represivas/punitivas. En mi opinión, se les debería de dar la oportunidad a las personas de cambiar y a no reducir su vida entera a un solo hecho particular, etiquetandolos como asesinos y condenandolos a una vida en prisión, dejándolos sin oportunidad de desarrollar sus propios proyectos de vida a partir del aprendizaje obtenido después de haber cometido un error; del mismo modo en cómo lo hacemos el resto de personas. Los grupos de reflexión sobre masculinidades podrían ser una alternativa, el trabajo con hombres deposita su esperanza en la posibilidad de cambio a partir del hecho de que “la masculinidad es un constructo maleable, no determinada sólo por la biología; refiere también a una construcción sociocultural presta de ser interpelada y reinterpretada mediante prácticas” (Vargas, 2022).


La violencia por parte de los hombres no es natural, en cambio es aprendida, puede ser destruida y en su lugar cultivar una cultura de bienestar social. Dos posturas frecuentes relacionadas con el tema son las que encontramos en el libro La pandemia deja huella: Hombres en sana convivencia, cuidar hace la diferencia, que nos muestra la pertinencia de desarrollar acciones, programas, actividades y políticas públicas diseñadas con un enfoque de género y masculinidades para poder incidir en la transformación profunda del Estado mexicano (Ayala y Rivera, 2021); por otro lado, en el mismo libro se afirma que: “La justicia social, el respeto a los derechos humanos, la erradicación de las violencias y las desigualdades no serán una realidad para la sociedad y sus diversos pueblos mientras se sigan reproduciendo, a través de la cultura, los medios de comunicación, los gobiernos y sus instituciones, las pautas de dominio del género masculino” (Ayala y Rivera, 2021). A mí me parecen muy pertinentes los puntos de vista de Ayala y Rivera porque creo que las políticas públicas de un Estado pueden explorar un modelo alternativo para solucionar la violencia en los partidos de la Liga Mx. De modo que las políticas públicas podrían explorar un modelo distinto, al menos en su dinámica, al modelo carcelario: punitivo y que le expropia la autonomía a las personas. En mi opinión, si las políticas públicas estuvieran diseñadas con perspectiva de género y masculinidades, se podría abonar a la creación de una cultura de bienestar encaminada a erradicar la violencia tanto en los estadios como fuera de estos.


Los grupos de reflexión para hombres son fundamentales en la construcción de una cultura de bienestar. Mauro Vargas afirma que: “Las ideas machistas, si no se revisan, equivalen a mandatos de género que se convierten en actitudes de control y violencia; que los hombres llevamos a donde vayamos: la escuela, la calle, la comunidad, el trabajo. Así, aparentemente “sin darnos cuenta”, reproducimos una forma de pensar y de ser; y gracias a una dinámica sociocultural que funciona a nuestro favor, se institucionalizara y finalmente, se verá como legítima y válida” (Vargas, 2022). Yo estoy de acuerdo porque el trabajo en equipo entre hombres que decidan acompañarse en un proceso para revisar y cuestionar sus ideas machistas no solo es fundamental para erradicar la violencia en los estadios sino también para erradicar la violencia de género que se vive día a día en México. De acuerdo con las estadísticas oficiales, durante 2021 se registraron 969 feminicidios en México, es decir, 2.6 diarios en promedio. En 2021 se contabilizaron 1,006 víctimas de feminicidio, lo que representa que 3 mujeres murieron diario por violencia de género.


Es cierto que las cárceles han funcionado durante ya mucho tiempo como espacios para recluir a personas que representan un peligro latente para la sociedad. Sin embargo, las cárceles funcionan con una lógica punitiva que puede exacerbar la conducta antisocial de los presos, de ese modo, no cumplen con la función de rehabilitar a los reos para que puedan reintegrarse a la sociedad, en cambio, proponer alternativas que no tengan como fin poner a las personas en una prisión, creo, que tienen altas probabilidades de funcionar como parte del diseño de políticas públicas por parte del Estado para remediar el problema de la violencia en los estadios de fútbol.


Finalmente, problematizar el tema del castigo a los agresores en los estadios de fútbol puede abrir el espacio para reflexionar sobre alternativas menos punitivas. Considerar otras alternativas, tales como los grupos de reflexión para hombres que deseen trabajar con sus violencias, son una posibilidad que se podría explorar e implementar como parte de las políticas públicas del Estado, con el fin de solucionar el problema de la violencia en los estadios. Es importante tener presente que la violencia por parte de los hombres no es natural, en cambio es aprendida, puede cambiarse y en su lugar cultivar una cultura de bienestar social. Los grupos de reflexión sobre masculinidades son fundamentales en la construcción de esa cultura de bienestar. Opino que si no se consideran alternativas para erradicar la violencia en los estadios de fútbol, se corre el riesgo de continuar con el mismo problema sin realmente haber trazado un cambio que resuelva la dimensión estructural del inconveniente con la violencia en los estadios.


Bibliografía

Omar Alejandro Domínguez Moreno / Español 2/ 22-I



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